Desde el principio de la gestación del proyecto, se prestó una especial atención al diseño y arquitectura de las estaciones. Esta especial atención no quedaba en lo puramente estético, sino que hacía referencia a la funcionalidad y al bienestar de los viajeros y las viajeras.
Se encargó al equipo de Sir Norman Foster la definición de las estaciones subterráneas en caverna del metro de Bilbao. Hay una idea matriz que ha determinado muy positivamente la obra del metro de Bilbao: la integración de arquitectura y la ingeniería.
El proyecto, obtuvo en 1998 el Premio Brunel de Arquitectura ferroviaria en su globalidad y a la estación de Sarriko en particular.
El tratamiento de la caverna es un gran espacio, de 160 metros de sección transversal, donde se sitúan los viales, los andenes y las entreplantas de distribución.
En las entreplantas de distribución confluyen todas las instalaciones y servicios, se desarrollan los servicios de ticketing y oficinas. Las estaciones ofrecen un gran espacio, con una visión amplísima, donde el viajero y la viajera no se siente atrapado y donde encuentra todos los servicios que necesita.
La que emerge en el conjunto urbano de la ciudad. Es la arquitectura de calle, cuya realización más singular son las marquesinas de acero y vidrio.
Una de las mayores aportaciones de la arquitectura del metro de Bilbao radica en la consecución de una unidad arquitectónica que se hace patente en el logro de tres objetivos:
El Ministerio de Ciencia y tecnología concede el noviembre de 2000: Noviembre el Premio Nacional de Diseño Industrial a la empresa que fabricó los bancos del metro (Akaba, con sede en Irún).

